“Hoy no me gustó nada del equipo, absolutamente nada. Pero no descartes que demos la sorpresa ante San Martín”, me decía el viernes (luego de perder ante Géminis), con su acostumbrada seriedad, el profesor José Castillo, entrenador de este Túpac Amaru que se bajó este sábado al hasta ahora invencible San Martín por 3-2 (25-22, 14-25, 25-18, 10-25 y 15-10) y demostró una vez más que cuesta caro mirarlas por encima del hombro. Es pues, casi un pecado mortal que trae consecuencias dolorosas.
¿Cómo explicar que un equipo cuyo promedio de edad es de 21 años le pueda haber ganado a un elenco con jugadoras que sobrepasan los 30 ‘abriles’)? ¿Qué se puede decir de una escuadra que vence a un cuadro que cuenta no sólo con seleccionadas nacionales, sino con jugadoras extranjeras que alternan en su selección (como es el caso de las dominicanas)? ¿Qué términos podemos esgrimir para calificar a un sexteto cuya estatura media es de 1.72, mientras que el del oponente que derrotaron es de 1.85? ¿Qué vocablos podríamos emplear para adjetivar a un humilde club que no tiene sponsor oficial y que aun así doblega a uno que tiene el respaldo de una prestigiosa universidad privada? Tarea complicada para este redactor.
